REVISTA VIVIR BIEN

// Edición 123 Abril - Mayo 2021

// Actualidad Colmédica

Testimonio: Una dura batalla contra el coronavirus

Muchos de los pacientes que han estado en una unidad de cuidados intensivos por COVID-19 y que han superado la enfermedad aseguran que dicha experiencia es como volver a nacer o tener una segunda oportunidad de vida.

El hecho de saber que van a ingresar, sin saber si van a salir para reencontrarse con sus seres queridos, es una situación muy angustiante.

Para Ángela María Idárraga Ospina, de 56 años, usuaria de Colmédica Medicina Prepagada, esa fue la única posibilidad que le quedaba para sobrevivir. Aunque no tiene certeza de cómo se contagió del virus, cree que pudo ser por un descuido al desempeñar una de sus funciones en una farmacia de la ciudad de Pereira; asegura que siempre fue muy cuidadosa, pero de pronto, al contar dinero, se tocó accidentalmente la cara y allí se pudo haber contagiado. Según cuenta, a comienzos de enero empezó a sentir malestares estomacales y por eso decidió hacerse la prueba, la cual salió positiva. Desde ese momento se aisló en su casa y durante los siguientes cuatro días no tuvo ningún otro síntoma, pero luego, después de subir las escaleras de su casa, se sintió ahogada y al día siguiente presentó tos y fiebre, por lo que llamó a un servicio de atención médica domiciliaria; le recomendaron irse de inmediato a urgencias, porque presentaba niveles muy bajos de saturación de oxígeno. Una vez en la clínica Comfamiliar, los médicos le informaron que era necesario ingresarla a una unidad de cuidados intensivos, a lo cual Ángela y su familia accedieron. A partir de ahí no recuerda nada más, hasta que despertó tras permanecer quince días intubada.

Nicolás Zelaya, su hijo, cuenta que, mientras estuvo hospitalizada en Pereira, las noticias no fueron nada buenas. Los médicos le decían que el estado de salud de su madre empeoraba cada día. Su familia no se iba a quedar con los brazos cruzados y empezó a informarse sobre posibles tratamientos, en especial, uno en el que el hermano de Ángela puso todas sus esperanzas: la terapia ECMO (oxigenación por membrana extracorpórea), que brinda el soporte necesario para que los niveles de oxígeno sean suficientes y los órganos del cuerpo sigan funcionando mientras se controla la infección. Acceder a este tratamiento no es sencillo, debido a que solo en algunas ciudades del país se consiguen los equipos. Con la ayuda de Colmédica encontraron un equipo disponible en la ciudad de Neiva, por lo que era necesario coordinar su traslado desde Pereira.

El envío de este tipo de máquinas implica un gran despliegue logístico, pues también se requiere movilizar un grupo de profesionales médicos especializados. Una vez conectada al equipo ECMO, la señora Ángela fue trasladada el 27 de enero en ambulancia aérea a la clínica Uros en Neiva, donde recibiría el tratamiento. Primero fue llevada en ambulancia hasta el aeropuerto de Pereira y desde allí, en ambulancia aérea hasta la capital del departamento del Huila.

Nicolás y su tío estaban felices por la noticia del traslado, aunque también eran conscientes de que lo más duro estaba por venir. Este tratamiento no garantizaba la recuperación de Ángela; solo era una opción más. Al llegar a la clínica, Nicolás pensaba que comenzaría el tratamiento sin problema, pero los médicos le informaron que requerían varios donantes del mismo tipo de sangre de Ángela, que es O negativo, el más difícil de conseguir. Se necesitarían, en promedio, cuatro unidades diarias, algo complicado, pero no imposible. Como no conocían a nadie en la capital del Huila, sus familiares optaron por reunir un grupo grande de personas en Pereira y llevarlo a Neiva para que donara.

Ángela llegó a la clínica Uros en estado crítico, con una limitación muy importante de respiración; llegó intubada y con los dos pulmones muy comprometidos. Al principio, el tratamiento para compensarla fue arduo; al cabo de unos días, su estado empezó a mejorar y sus pulmones, a recuperarse. Después de ocho días la desconectaron del equipo ECMO y quedó solo con el respirador artificial. Luego se pudo desintubar sin necesidad de hacerle traqueotomía y fue llevada a una habitación, donde permaneció quince días más, hasta que le dieron de alta y regresó a Pereira, junto con su hijo, en una ambulancia.

Debido al proceso de hospitalización y a su permanencia en la unidad de cuidados intensivos, Ángela tuvo un deterioro muscular que le impidió moverse por un tiempo. Al principio ni siquiera podía mover la cabeza, pero con la ayuda de fisioterapias ha ido recuperando su movilidad y hoy en día está empezando a caminar de nuevo. “Estoy muy agradecida con Colmédica. Sin su apoyo, seguramente no habría podido superar esta situación tan difícil. Sus colaboradores se encargaron de coordinar con la clínica todo el tratamiento y el traslado; además, según comenta mi hijo, ellos estuvieron muy pendientes de mi evolución y lo llamaban todos los días a preguntarle cómo seguía”, dice Ángela.



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