REVISTA VIVIR BIEN

// Edición 123 Abril - Mayo 2021

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Senderismo: un plan con la naturaleza

Cortesía de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, EAAB.
En Bogotá hay varias rutas ecológicas que están debidamente marcadas, que exigen cuidado de la naturaleza y permiten conocer más sobre la historia de los cerros que rodean la capital.

Una de las mejores formas de escaparse de la rutina es salir a un lugar a cielo abierto, caminar y respirar aire puro. Muchos dirán que en Bogotá es complicado encontrar un sitio así, pero lo cierto es que en la ciudad y sus alrededores existen senderos ecológicos con diversidad de flora y fauna que se pueden recorrer de forma segura, para vivir una experiencia cercana con la madre tierra y, de paso, aprender más sobre la importancia de los recursos naturales.

Cortesía de la EAAB.

Estos senderos están abiertos al público y son administrados por empresas y organizaciones sin ánimo de lucro encargadas de su conservación, de la demarcación de los caminos y de llevar a cabo capacitaciones, charlas, recorridos y jornadas de reforestación con la comunidad. La mayoría de estas experiencias es gratuita y para ingresar es necesario registrarse con anticipación, puesto que se admite un número limitado de visitantes por día, que cumplan con todos los protocolos de bioseguridad como el control de la temperatura, el uso permanente de tapabocas y el distanciamiento social de dos metros durante los recorridos.

Sendero Horizontes Las Moyas

Cortesía de la EAAB.

Forma parte de la localidad de Chapinero y el ingreso a la reserva se hace por la calle 78 con transversal 2.ª este, arriba del CAI Rosales (ubicado en la calle 76 con avenida Circunvalar). Tiene una extensión aproximada de 3 km, que van desde la portada de la reserva Umbral Cultural Horizontes hasta el páramo Las Moyas. En el lugar predominan ecosistemas de bosque alto andino y páramo. Durante el recorrido se observan eucaliptos y acacias, así como vegetación nativa, resultado de los programas de restauración participativa y cultura cívica ecológica, liderados por la fundación Cerros de Bogotá.

Al llegar a la cumbre de la montaña, los senderistas aprecian una panorámica increíble de la capital. Para acceder se requiere un permiso de la fundación, puesto que se trata de una reserva privada, pero de uso público.

Sendero de la quebrada La Vieja

Cortesía de la EAAB.

Es una cadena de montañas localizada en el costado oriental del casco urbano bogotano, con una extensión aproximada de 13 142 hectáreas. Uno de sus mayores atractivos es la quebrada La Vieja, un afluente de la cuenca del río Salitre, el cual tiene una longitud de 19 km y es uno de los cuatro principales que descargan sus aguas en el río Bogotá. El nombre de la quebrada se debe a una leyenda según la cual, hacia mediados del siglo XIX, las mujeres acudían a sus aguas en búsqueda de belleza, específicamente al pozo de las arrugas; ellas creían que, por la temperatura del agua fría, iban a impedir que el paso del tiempo se reflejara en su piel.

La reserva está ubicada en la localidad de Chapinero, y se puede acceder por la Avenida circunvalar Calle 71 con carrera 2 Este. Cuenta con tres tramos: La Virgen, El Páramo o Piedra Ballena y el Alto de La Cruz, una montaña elevada a 3050 metros sobre el nivel del mar que funciona como un mirador, cuya vista es espectacular. Durante el trayecto, los visitantes pueden apreciar un ecosistema altoandino compuesto por más de 280 especies vegetales como orquídeas, bromelias, asteráceas, rubiáceas y rosáceas melastomáceas, además de una gran variedad de especies animales entre anfibios, reptiles, aves y mamíferos.

Sendero Santa Ana - La Aguadora

Cortesía de la EAAB.

Está ubicado al norte de la ciudad, en la localidad de Usaquén, dentro de lo que hoy se conoce como Club La Aguadora, de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB). Tiene una extensión aproximada de 7 km, en los cuales, a medida que se asciende en los Cerros Orientales, se adentra en ecosistemas de bosque altoandino y subpáramo. En el lugar predominan especies exóticas como pinos, eucaliptos y urapanes, así como vestigios de vegetación nativa como saucos, cauchos, trompetos y raques. Entre la fauna presente se cuentan varias especies de anfibios, reptiles, mamíferos y aves como la tángara escarlata, el gorrión afelpado, el gorrión montesco cabeciblanco, el cucarachero rufo, el conirrostro encapuchado, la cometa coliverde, el carpintero, el picaflor de antifaz y el buhito andino.

Existen varios miradores para contemplar a Bogotá, así como quebradas que nacen en la parte alta de los cerros. Para ingresar se requiere el registro previo en la aplicación habilitada por la EAAB.

Sendero San Francisco-Vicachá

Cortesía de la EAAB.

Esta reserva, ubicada en la localidad de Santa Fe, en cercanías del cerro de Monserrate, es de gran importancia cultural y ambiental para la urbe, no solo porque el río San Francisco fue la primera fuente de agua cuando se decretó la fundación de la capital, sino también porque dicho sendero formó parte del camino real indígena, utilizado por los muiscas hacia municipios aledaños como Choachí. Desde su nacimiento en el páramo Cruz Verde hasta su desembocadura en el río San Agustín, el río San Francisco es un corredor ecológico con una gran diversidad de flora y fauna nativas que corresponden a ecosistemas de bosque alto andino y subpáramo. El sendero posee varios ascensos y descensos, para los cuales cuenta con unas escaleras de piedra y madera. Además, ofrece valiosas joyas del patrimonio natural y cultural de la ciudad, como el Chorro de Padilla y la Casa del Molino.

Sendero de la quebrada Las Delicias

Cortesía de la EAAB.

Es un verdadero encuentro con la naturaleza, en especial, con el agua, pues los visitantes hallarán cuatro pozos: La Virgen, La Nutria, Ahogado y Redondo. Quizás su mayor espectáculo es la imponente cascada de cuarenta metros de altura, la más alta de Bogotá. Su ecosistema nativo está compuesto por especies endémicas de bosque alto andino, entre las que se destacan arbolocos, manos de oso, fucsias bolivianas, alisos, sauces llorones, holly espinosos, pinos romerones y cucharos. A medida que se avanza es posible escuchar el sonido del agua, mezclado con el del llamado de las aves que habitan este recinto ecológico, que son cerca de 150 especies, entre las que sobresalen pavas andinas, colibríes colilargas, azulejos, gavilanes, pechirrojos y copetones.

La quebrada ha sido un referente de conservación y restauración ecológica para los demás senderos y cuerpos de agua de los Cerros Orientales. En los últimos años, en el lugar se han adelantado programas de restauración en los que se ha hecho una limpieza exhaustiva del afluente para recuperar las relaciones entre la fuente hídrica y los ecosistemas que atraviesa; además, se han sembrado más de 8000 árboles nativos y se han adecuado senderos y miradores.

Está ubicado en la localidad de Chapinero y su entrada se ubica en la diagonal 60 con circunvalar. Cuenta con una longitud aproximada de 7 kilómetros y una elevación máxima de 2859 metros sobre el nivel del mar. Se recomienda la compañía de guías locales y comunitarios.



Imágenes del banco de imágenes Shutterstock

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