REVISTA VIVIR BIEN

// Edición 124 Junio - Julio 2021

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Alopecia por estrés, otra de las consecuencias de la pandemia

Se trata de pérdidas aceleradas y masivas de pelo en un cierto período de tiempo.
Asesoría: Helbert José Cuchia Martínez, dermatólogo capilar de los Centros Médicos Colmédica


Varios dermatólogos coinciden en que en los últimos meses se han incrementado las consultas por caída del cabello y aseguran que se debe a la infección por COVID-19; incluso, en Google, las búsquedas relacionadas con tal pérdida aumentaron casi en un 12 % en los últimos 8 meses.

Esta caída masiva de pelo se conoce como efluvio telógeno agudo, un tipo de alopecia que se caracteriza por una pérdida muy acelerada y que suele asociarse a un período o evento estresante ocurrido aproximadamente tres meses antes del diagnóstico.

Aunque no se trata de uno de los efectos más graves del COVID-19, puede provocar un alarmante impacto en el paciente, más aún después de ver sus cepillos o el lavamanos lleno de motas de pelo, pues la pérdida es excesiva. La buena noticia es que es temporal y reversible.

Según Helbert José Cuchia Martínez, dermatólogo capilar de los Centros Médicos Colmédica, este virus no es el único que provoca caída del cabello, pues existen muchas enfermedades que causan la alopecia y el COVID-19 es una más de la larga lista. También se desencadena por múltiples factores, como la ingesta de un tipo de medicamento, un procedimiento quirúrgico, un parto, cambios hormonales, después de suspender un tratamiento anticonceptivo o luego de una hospitalización.

El efluvio telógeno agudo tiene, además, un componente psicológico; en el caso de los infectados por coronavirus, el confinamiento, el miedo a la pandemia, la incertidumbre, el cambio de hábitos de vida, las rutinas o enfrentarse a una dura enfermedad genera un estrés emocional fuerte que termina afectando el folículo piloso.

¿Por qué ocurre?

El doctor Cuchia expone que el cabello pasa por dos etapas: una de crecimiento y otra de caída —el 85 % del pelo está creciendo y el 15 % restante se cae—. Cuando hay un cambio en el organismo puede alterarse el ciclo de crecimiento y se termina sufriendo una caída alarmante durante un período. Tanto el COVID-19 como la ansiedad que causa la pandemia hacen que los folículos que deberían estar creciendo se caigan abruptamente. “No es que se dañen las raíces del pelo; estas siguen bien. Lo que pasa es que el tallo se suelta antes de tiempo, pero el folículo sigue abajo y le toca formar un pelo nuevo”, explica el especialista.

Esta situación suele ser transitoria. El cabello deja de caerse después de que pasa el suceso que la originó; automáticamente se regula el ciclo y vuelve a crecer. En promedio, este proceso puede tomar entre tres a seis meses después de haberse presentado el factor desencadenante, aunque en ocasiones se prolonga y se hace crónico.

¿Cómo se trata?

Para el efluvio telógeno no existe un tratamiento específico. Lo primero que debe hacerse es identificar la causa y para ello se requiere una serie de exámenes que permita establecer si es resultado de una alteración hormonal, un déficit de vitaminas, problemas inmunológicos, fiebre, posparto, enfermedades metabólicas y dietas extremas, entre otras. Una vez se tienen los resultados se trata el desencadenante. En los casos de COVID-19, los pacientes tienen la posibilidad de elegir si inician un tratamiento, si prefieren esperar a que el ciclo se restablezca por sí solo u optan por acelerar el crecimiento con medicamentos o procedimientos como el plasma rico en plaquetas o la bioestimulación capilar.

Otros tipos de alopecia

Existen varias clases de alopecia que se deben al estrés. Entre las más comunes, además del efluvio telógeno están la tricotilomanía y la areata. La primera suele presentarse más en niños, sobre todo cuando su núcleo familiar es disfuncional, y se caracteriza por una obsesión que los lleva a jalarse el pelo, arrancarlo y hasta comérselo.

Por su parte, la alopecia areata empieza con una pequeña área redondeada que se queda calva, en el cuero cabelludo, la barba u otras zonas con vello y puede avanzar hacia una pérdida total o una caída radical del pelo y del vello de todo el cuerpo. De acuerdo con los expertos en dermatología, esta caída es de tipo inmunológico, es decir, las defensas del paciente se alteran y atacan a los folículos del pelo. Una de sus posibles causas es el estrés.

Recomendaciones

El llamado de los especialistas es a manejar correctamente los episodios de ansiedad y estrés. Sugieren hacer actividades de relajación, ejercitarse, meditar, practicar yoga, dormir bien y llevar una dieta rica en hierro, nutriente muy importante para el crecimiento del cabello, aun por encima de la biotina, de la que tanto se habla hoy en día.

En cuanto al cuidado capilar, el doctor Cuchia recomienda lavar el pelo mínimo tres veces por semana, utilizar acondicionadores suaves, usar un champú acorde con el tipo de cuero cabelludo (graso, normal o seco) y, ante cualquier síntoma de caída, consultar de inmediato al especialista. Con seguimiento y tratamiento médico personalizado, el cabello volverá a salir con normalidad y, aunque haya habido una pérdida significativa de los folículos pilosos, se trata de un proceso transitorio y reversible.



Imágenes del banco de imágenes Shutterstock

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