REVISTA VIVIR BIEN

// Edición 124 Junio - Julio 2021

// Salud

Cerrar ciclos para lograr alivio emocional

Aunque sea un proceso doloroso, en ocasiones es necesario finalizar ciertas etapas de la vida para conseguir paz emocional.

Asesoría: Nelson Eliécer Roa, magíster en Investigación Social Interdisciplinaria y psicólogo de los Centros Médicos Colmédica.

El término de una relación sentimental, el fallecimiento de un ser querido, las peleas con un amigo, la salida de una empresa y la muerte de una mascota son situaciones que nos hacen perder la alegría, el cariño, la ilusión, la confianza y la satisfacción. En ocasiones, esas pérdidas nos llevan a creer que quizá no volveremos a ser felices; en estos casos es común escuchar sobre la importancia de cerrar ciclos.

Un ciclo se puede definir como un período concreto en el que vivimos emociones o situaciones buenas y malas. Es una experiencia vital que se termina para que inicie otra, pero a veces no es fácil asimilar las pérdidas. Querer a alguien, ya sea nuestra pareja o un amigo, supone establecer lazos afectivos estrechos de los cuales es complicado desprenderse. De igual manera sucede con un trabajo frente al que tenemos expectativas, hacemos proyectos y nos otorga el sustento.

Para Nelson Eliécer Roa, magíster en Investigación Social Interdisciplinaria y psicólogo de los Centros Médicos Colmédica, es necesario el cierre de un capítulo cuando sentimos un vacío en la emocionalidad, en el aprendizaje o en la motivación o cuando las interacciones generan dolor, desgaste, impacto emocional negativo e incertidumbre. Aunque este proceso no depende solo de nosotros, es preciso acabarlo cuando trae negatividad e insatisfacción o cuando las experiencias ya no están alineadas con nuestro sentido y propósito de vida.

Saber que una etapa llegó a su fin no quiere decir que el ciclo ha quedado cerrado; de hecho, aquí apenas comienza el camino para concluirlo adecuadamente. Desde el punto de vista psicológico, finalizar un capítulo significa que ese cambio deja de dolernos; que hemos obtenido una enseñanza de él y que integramos ese aprendizaje a nuestra vida como parte de nosotros. Agotar una etapa tiene que ver con la aceptación de la experiencia. “Aunque los ciclos tienen un cierre, no quiere decir que no dejen enseñanzas, aprendizajes o recuerdos; lo importante es que no tengan una carga negativa o emocional demasiado impactante o que esta dinámica nos lleve a anclarnos en el pasado. El objetivo del cierre es centrar nuestro pensamiento y nuestra vida en el presente”, afirma Roa.

Cerrar de manera sana y eficaz

Una vez se tiene el conocimiento del cambio aparecen emociones de tristeza, culpa, rabia o despecho. Hay que tener presente que ese sufrimiento debe ser vivido y forma parte del proceso. Nuestra mente y nuestro cuerpo necesitan ese instante de introspección para reflexionar y asumir lo ocurrido. El apoyo psicológico es de gran ayuda para poder canalizar la emocionalidad, hacer catarsis e incorporar esas emociones, con el fin de enfrentar la situación, asimilarla de una mejor manera y darle una despedida.

Cuando la pérdida es un hecho, hay que hacer un duelo con sus respectivas emociones: negación, rabia, tristeza, dolor, afectación y, posteriormente, aceptación, para poder tener una restauración, una mejor vivencia, una mejor relación, un mejor rol, que nos ayuden a lograr que esa ruptura que sucedió en algún momento nos dignifique y nos proporcione felicidad.

Espiritualidad

Dentro de este proceso, las creencias, independientemente de las religiones, brindan un gran soporte emocional, pues nos confortan frente al dolor, nos ayudan a apalancar nuestra pérdida y nos permiten tener una visión más esperanzadora y positiva. Por lo general, cuando la espiritualidad es una vivencia directa e impactante, es posible que el cierre de un ciclo sea más tajante; por otro lado, cuando los cierres propician mayor autonomía, llevan a que las personas vivan su duelo y superación por su cuenta. Con el tiempo vendrán nuevas ilusiones y, con ellas, el alivio emocional. Poco a poco iremos cerrando el círculo de esa etapa para iniciar uno nuevo.

Está bien sentir rabia, ira, tristeza. Está bien sufrir y llorar durante un breve tiempo, para aprender a gestionar y racionalizar las emociones .


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