REVISTA VIVIR BIEN

// Edición 124 Junio - Julio 2021

// Salud

¿Mi hijo es adicto a los videojuegos?

El prolongado tiempo en casa, el fácil acceso a Internet y la creación de comunidades virtuales facilitan pasar largas jornadas en línea, lo que puede desembocar en este problema.

Asesoría: Daniela Rojas Ospino, psicóloga adscrita a Colmédica Medicina Prepagada.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se entiende por adicción una enfermedad física y psicoemocional que consiste en dependencia o necesidad de una sustancia, actividad o relación. En ese sentido, cabe analizar varios aspectos en el comportamiento de los hijos, los cuales permiten identificar el grado de dependencia que se tiene frente a los videojuegos.

Distintas fuentes científicas investigan y hacen esfuerzos por caracterizar el patrón de comportamiento que indicaría si una persona puede llegar a presentar esta adicción que, desde el año 2018, se ha intentado validar e incluir dentro de Clasificación internacional de enfermedades (CIE).

Identificar el problema

Para la psicóloga Daniela Rojas Ospino, es importante que los padres de familia tengan en cuenta los siguientes aspectos para detectar afectaciones en el patrón de comportamiento de sus hijos: falta de control de la conducta del juego, así como inicio, frecuencia, intensidad, duración y finalización de esta actividad. Además, es fundamental examinar la prioridad que los hijos le asignan a esta entretención respecto a otras actividades diarias que antes disfrutaban y que dejaron de lado por darle más espacio al videojuego.

La psicóloga afirma que “un factor fundamental para percibir el grado de dependencia se encuentra en los cambios del estado de ánimo, es decir, las experiencias subjetivas que las personas sienten como consecuencia de jugar. En algunos casos se ha encontrado que experimentan estados de ansiedad, frustración e irritabilidad a causa de las situaciones que surgen dentro del juego”.

Consecuencias a la vista

Para los expertos, los padres deben observar el deterioro del funcionamiento personal de los niños, pues el abuso desmedido del videojuego influye en sus hábitos de higiene, su autoestima, gestión emocional y entorno familiar (desvinculación afectiva, deterioro de la comunicación, alteración en los roles y aceptación de límites y normas). También interfiere en la construcción de habilidades sociales, sobre todo en la manera de interactuar con sus pares.

“Se ve afectado el entorno escolar. Los niños y jóvenes empiezan a perder interés por actividades académicas y esto se refleja en bajo rendimiento en el estudio y actitudes de despreocupación hacia sus deberes. Se requiere que los padres intervengan cuando observen que estos aspectos se encuentran alterados”, afirma la especialista.

Medidas necesarias

Con el fin de confrontar de la mejor manera esta situación, la doctora Daniela Rojas aconseja:

  • Conversar con los hijos, con el fin de reflexionar sobre la incidencia negativa del videojuego en sus actividades y en el comportamiento personal, familiar, social y educativo.
  • Regular el tiempo de este esparcimiento. Muchas veces no se establecen límites claros y se permite una exposición a pantallas desmedida; después, cuando se identifica el problema, a los niños y adolescentes les cuesta reconocer la autoridad que ejercen los padres en cuanto a la frecuencia del juego. Por consiguiente, es necesario fijar horarios.
  • Aceptar que esta clase de entretenimiento también aporta aspectos positivos a niños y jóvenes en esta época de pandemia. Estos han creado espacios de interacción, lo cual aporta al mantenimiento de la comunicación y del vínculo, siempre que se regule la frecuencia y los padres brinden acompañamiento y guía con el ejemplo.
Un factor fundamental para percibir la dependencia está en los cambios del estado de ánimo.


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