REVISTA VIVIR BIEN

// Edición 119 Agosto - Septiembre 2020

// Salud

Conoce los principales factores de riesgo cardiovascular

Una vida que incluye buena alimentación, rutina de ejercicio, buen sueño y poco estrés es fundamental para la salud del corazón.

Asesoría: Rodolfo Vega Llamas, internista y cardiólogo adscrito a los Centros Médicos de Colmédica, miembro honorario de la Sociedad de Cardiología y de la Academia Nacional de Medicina de Colombia.

Los estudios epidemiológicos han demostrado la relación entre la mortalidad cardiovascular y la alta concentración de colesterol plasmático. Cabe recordar que el colesterol, los ésteres de colesterilo y los triglicéridos son los principales lípidos que se encuentran en el plasma.

La dislipidemia es un factor predisponente muy importante en la aparición de aterosclerosis; además, los altos contenidos de colesterol LDL desempeñan un papel importante en la aterogénesis (depósitos de grasa en las paredes de las arterias). Tradicionalmente, se ha creído que el taponamiento de las arterias es causado por un incremento del colesterol en la sangre, sobre todo, del colesterol LDL. Todo se reduce a cambios inflamatorios en las paredes de los vasos sanguíneos.

Asimismo, es preciso recordar cuáles son las tres condiciones básicas que originan el taponamiento arterial: la disfunción endotelial, el aumento del colesterol y la respuesta inflamatoria.

En este proceso, el endotelio (capa que recubre los vasos y los protege, cuando se encuentra intacta) tiene una participación esencial, pues a medida que surgen factores de riesgo, como colesterol alto, hipertensión arterial, diabetes, tabaquismo, estrés psicosocial, ácido úrico, homocisteína, sedentarismo, obesidad, cambios hormonales en la menopausia y consumo de alcohol, provocan la disfunción del endotelio y se vuelve más permeable al colesterol LDL. Este transportador del colesterol termina invadiendo la túnica íntima de la vena o arteria y se disparan los mecanismos inmunológicos inflamatorios, que producen la placa de grasa y obstruyen la arteria, para finalizar con un infarto del miocardio.

Por supuesto, existen otros elementos determinantes como la herencia, llamada “factor de riesgo no modificable”, que hay que tener muy en cuenta. En algunas ocasiones, los genes ayudan, pero en otras, perjudican. Hay personas que poseen una buena capacidad para regular el colesterol en la sangre y, aunque coman desordenadamente, nunca se les aumenta; sin embargo, a otras, con tan solo cometer un “pecado” en la dieta, se les incrementa y todo se debe a algún trastorno genético.

Los triglicéridos son la unión de una molécula de glicerol con tres ácidos grasos. La mayoría de las grasas de los alimentos se encuentra así. Después de una comida rica en grasas, su nivel se mantiene alto durante varias horas (doce, como máximo), pues prácticamente el 90 % de los triglicéridos contenidos en los alimentos llega a la sangre. Estos también pueden ser sintetizados por el hígado a partir de los ácidos grasos que le llegan de la sangre y de los hidratos de carbono de la glucosa. Hay personas que sufren de triglicéridos altos por causas genéticas y también existen varias enfermedades que producen su aumento: diabetes mellitus, obesidad e hipotiroidismo.

La edad es otro agente de riesgo coronario, pues se supone que, cuanta más edad, mayor posibilidad de tener las arterias obstruidas y más aún si ha estado expuesto a factores que aumenten su índice aterogénico.

En cuanto a sobrepeso y obesidad, la segunda se define como un exceso de grasa en el organismo. Una persona puede pesar más de lo que se considera normal, pero si ese peso corresponde a un gran desarrollo de masa muscular, no se habla de obesidad. El sobrepeso es uno de los factores de riesgo más importantes, pues en estos pacientes, además del colesterol y los triglicéridos altos, la resistencia a la insulina es determinante.

Otro elemento que debe considerarse es la hipertensión arterial, padecida por un gran porcentaje de la población colombiana y del planeta. Esta enfermedad afecta los vasos sanguíneos y, por lo tanto, los riñones, el cerebro y el corazón son los órganos más comprometidos.

Por otro lado, hay que ser cuidadosos con el sedentarismo, ese estilo de vida cómodo en el que la persona no hace ejercicio, deja de moverse, permanece todo el día sentada en la oficina, llega a la casa y se acuesta de inmediato a dormir o a ver televisión. Esto hace que acumule energía en forma de grasa y azúcar que no será reutilizada, lo que llevará a un aumento del colesterol y de los triglicéridos.

Cuando los contenidos de azúcar alcanzan cifras mayores a 126 mg/dl, que se consideran dentro de los rangos de diabetes, se producen daños en el sistema vascular y renal, en la retina del ojo y en el funcionamiento cerebral. Por eso, los azúcares son tan dañinos como las grasas y, si se juntan, el daño orgánico se potencia y se acelera el taponamiento arterial.

De igual forma, el estrés, el alcohol, el tabaquismo, el uso indiscriminado de medicamentos, las enfermedades renales, la homocisteína (aminoácido que produce proteínas) y los factores protrombóticos y proinflamatorios, entre otros, conducen a disfunción endotelial.

Hay personas con patrones de conducta agresiva, que permanecen con el síndrome del pensamiento acelerado, irritables e iracundas y luchan contra el tiempo. Ellas son más propensas a sufrir ruptura de placa.

Es importante revisar estos factores de riesgo con el médico y llevar una vida sana: seguir una buena dieta, hacer ejercicio, dormir las horas necesarias, evitar el estrés y meditar.



Imágenes del banco de imágenes Shutterstock

¡Conoce más sobre Colmédica!