REVISTA VIVIR BIEN

// Edición 119 Agosto - Septiembre 2020

// Salud

Los efectos del encierro en el mundo infantil

Debido al prolongado aislamiento, los niños pasan por diversos estados anímicos que muchas veces dificultan su convivencia en casa. ¿Qué hacer?

Asesoría: Daniela Rojas Ospino, psicóloga adscrita a Colmédica Medicina Prepagada.

En este tiempo de crisis de salud mundial, uno de los grupos que más ha sentido los efectos de estar permanentemente en casa es el de los chicos, pues tuvieron que dejar atrás sus escuelas, parques y demás espacios de esparcimiento y socialización.

Por eso se volvió normal ver pocos niños fuera de sus hogares y encontrarlos en ciertas zonas habitacionales a las cuales poco a poco han ido adaptando sus vidas, pero no sin que esto repercuta en sus emociones y vivencias diarias.

Para la psicóloga Daniela Rojas Ospino, entre ellos, las reacciones más comunes durante esta época de confinamiento han sido irritabilidad, enojo, llanto ocasional, enuresis (micciones incontroladas), encopresis (incontinencia fecal), terrores nocturnos, cambios en los ciclos de sueño y alimentación, dificultad para aceptar normas y reglas, pérdida de interés por actividades académicas y apego a los aparatos tecnológicos, entre otros.

Respecto a su origen y complejidad, Daniela Rojas sostiene que, “si bien es cierto que estos estados del ánimo están regulados por las características de cada niño, hay que tener en cuenta su edad, sus características de personalidad, sus experiencias vividas previamente, su tipología familiar y su contexto psicosocial”. Asimismo, explica, ellos expresan sus emociones por medio de sus actitudes y actividades, debido a la dificultad que algunos tienen para comunicar lo que sienten mediante el lenguaje verbal; por eso, utilizan recursos no verbales para manifestar lo que llevan por dentro.

Alternativas de entendimiento

Para lidiar de la mejor manera con todo esto, la doctora Rojas aconseja tener como herramienta fundamental la comunicación; por tanto, los padres deben hacer un proceso profundo para conocer a sus hijos e identificar qué situaciones puntuales los llevan a experimentar determinadas sensaciones y expresiones.

Otro aspecto que hay que tener muy presente es el tipo de correctivos que se utilizan: “Por supuesto, los golpes y los gritos no son una opción; por lo contrario, hay que generar espacios de reflexión e introspección, es decir, ayudar a los hijos a ‘buscar por dentro’. Esto permite que ellos mismos se cuestionen de forma positiva (sin culpabilidad) qué los llevó a tener dicha actitud y que, junto con los padres, busquen estrategias para generar un aprendizaje frente a la problemática en particular”, indica la especialista.

Para los expertos, una buena forma de interactuar con los hijos para ayudarles a mantener la estabilidad emocional es controlar la propia ansiedad y los problemas, para que no se sugestionen, así como hablar del tema con calma y naturalidad sin ocultar nada, es decir, con la verdad, pero sin alarmar. En este caso es importante utilizar palabras, frases y ejemplos que sean apropiados para la etapa de desarrollo del niño.

También es clave llevar a cabo actividades como leer cuentos y hacer juegos, obras de teatro o dibujos que hablen de emociones; estos son recursos didácticos para enseñarles a identificar sus emociones por medio del entretenimiento y el arte. Además de distraerlos, es un proceso que estimula los dominios neuropsicológicos y de aprendizaje.

Si necesitas orientación psicológica o médica, comunícate al SOM mediante el app Colmédica y un profesional de la salud te atenderá por videollamada.

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