REVISTA VIVIR BIEN

// Edición 120 Octubre - Octubre 2020

// Familia

Cómo vivir el duelo en época de pandemia

En los actuales momentos no es fácil asumir la pérdida de un ser querido por ello es importante saber confrontar esta situación en unión familiar.

Asesoría: Nelson Roa Sánchez, psicólogo, magíster en Investigación Social Interdisciplinaria, y doctorante en Psicología, adscrito a Colmédica Medicina Prepagada.

La crisis mundial de salud que desencadenó el COVID-19 ha afectado el modo de vida y la estabilidad emocional de muchas personas, diversos hogares han sido golpeados con la enfermedad y en algunos afortunadamente se ha salido adelante. Sin embargo, otra suerte han corrido miles de familias que hoy sufren la pérdida de algún ser querido. Y ya sea o no a causa del virus, tales circunstancias en estos tiempos se vuelven más complejas de llevar.

De acuerdo con el psicólogo Nelson Roa Sánchez, cuando se presenta una pérdida de esta naturaleza en épocas de pandemia como la que transitamos, estamos frente a un duelo de riesgo, los tiempos pierden una estimación más lógica frente a la enfermedad y las tradiciones, rituales y manifestaciones sociales se transforman.

“La experiencia es muy personal y se debe dejar que las emociones emerjan, los sentimientos de tristeza y rabia nos ayudan a desanclar la negación que proviene de manera impactante, exponernos al dolor nos ayuda a afrontarlo de mejor manera, la experiencia ante el duelo nos hace más sabios pero más susceptibles, es otra lógica de aprendizaje ya que el vivirlo no nos hace más fuertes, sino que nos lleva a vernos diferentes, a resignificar la vida y la muerte”, explica el psicólogo.

Frente a la vivencia del duelo como tal, el doctor Roa aconseja construir desde el colectivo de la familia o de la comunidad porque esto ayuda a identificar cuáles son las acciones más beneficiosas para enfrentarnos a la despedida; él recomienda respetar el silencio prudencial de quienes optan por él, así como la expresividad del otro.

No obstante, señala el experto, una de las situaciones más difíciles tiene que ver cuando la muerte es propiciada por la COVID-19 ya que con las medidas que los organismos de salud adoptan ante el deceso, los protocolos exigen que se omitan las ceremonias tradicionales para dar paso lo más inmediato posible a la desaparición del cuerpo. Por consiguiente, familiares y amigos de quien fallece ven restringido ese último adiós íntimo.

“Con esto, se transforman las tradiciones y manifestaciones sociales, impactan fuertemente a las personas ya que no les permiten su expresividad y exposición del dolor, de la pena y de la solidaridad. De tal modo, estas transformaciones que hacen parte de todos los ajustes que vamos tramitando en esta coyuntura social nos ayudan a comprender y aceptar que debemos construir nuevas formas y modos”, afirma el profesional.

De la mejor manera

Para Nelson Roa, algunas de las opciones para asumir convenientemente esos difíciles momentos, tienen cabida en la expresión de nuestros sentimientos mediante la escritura, narrativa, poemas, el diálogo, o por medio de esas manifestaciones en honor al ser querido que ya no está. “Podemos realizar un diario de nuestros sentimientos en torno a la pérdida, un espacio en nuestro corazón y en nuestras casas nos ayudan a retener en forma funcional emociones y recuerdos. Más adelante podremos desprendernos y dejarlos también partir”, explica.

Los encuentros virtuales y reuniones, dice el psicólogo, también ayudan a la aceptación y estrechar lazos familiares, como condición, afirma, es importante que nazcan de la espontaneidad, su participación debe ser natural y voluntaria, y hay que recordar que en estos momentos nos debemos a las relaciones filiales, fortalecerlas y tramitar los conflictos es de los mejores homenajes póstumos que podemos brindar.

Por último, el doctor Roa aconseja incluir a los niños, a las personas mayores y en discapacidad en esas actividades. “Recordemos de su inocencia y sabiduría. Y al final tengamos en cuenta que el amor construye y nos permite aprender a vivir con esas pérdidas y ausencias; dejarlos ir con amor es celebrar la vida, es restaurarnos y sobre todo tener siempre en cuenta que un buen vivir nos lleva a un buen morir”.

Exponernos al dolor nos ayuda a afrontarlo mejor, la experiencia ante el duelo nos hace más sabios, pero más susceptibles.


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