REVISTA VIVIR BIEN

// Edición 121 Diciembre - Enero 2021

// Buena vida

¿Qué es el síndrome de burnout?

Un intenso ritmo laboral, sumado a factores de ambiente y autoexigencia profesional, entre otros, lleva a muchas personas a padecer esta patología, que puede desencadenar serios problemas emocionales y físicos.

Asesoría: Donaldo Enrique Cohen, médico domiciliario de los Centros Médicos Colmédica.

El síndrome de burnout, también denominado síndrome del “trabajador quemado”, fue descubierto en el año 1974. Uno de los primeros especialistas en definirlo, darlo a conocer y estudiarlo fue el psiquiatra estadounidense de origen alemán Herbert J. Freudenberger y después, en el año 2000, fue reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una enfermedad laboral. En términos generales, si la persona se siente estresada o fatigada, si su rendimiento ha disminuido notablemente y hay mucho más desánimo en las actividades asignadas, es muy posible que se esté ante este padecimiento.

Con la asesoría del doctor Donaldo Enrique Cohen, médico domiciliario de los Centros Médicos Colmédica, Vivir Bien despeja algunas inquietudes sobre el tema:

¿En qué consiste el síndrome y cómo se manifiesta?

Hay tres aspectos fundamentales que lo caracterizan: inicialmente, el agotamiento emocional progresivo, por el cual se pierde día a día el deseo de ir a trabajar; sigue la despersonalización o deshumanización, con actitudes y respuestas de indiferencia, distantes y frías hacia los demás; por último, una baja realización en el ámbito personal, que consiste en la percepción negativa de lo que se hace: el individuo se reprocha por no alcanzar los objetivos propuestos y desarrolla baja autoestima y competitividad. Podemos concluir que es una forma inadecuada de afrontar el estrés emocional crónico.

¿Cuáles son las causas y los factores de riesgo asociados?

Se han descrito diversas causas, entre las que se pueden resaltar largas jornadas que afectan el período de descanso, falta de estabilidad laboral, poco progreso y mal ambiente profesional; estas, asociadas a factores como el deseo de sobresalir y obtener resultados brillantes, un alto grado de autoexigencia, baja tolerancia a los fracasos, dificultad para expresar las emociones, imposibilidad para realizar proyectos en grupo e idealismo, pueden desencadenar la enfermedad desde grado leve hasta extremo.

¿Qué consecuencias puede traer para la salud mental y física?

La mayoría son de carácter emocional relacionadas con la depresión, como sentimientos de fracaso, pérdida de autoestima, irritabilidad, disgusto y agresividad, lo que ocasiona la aparición de hábitos dañinos como el aumento de consumo de alcohol, tabaquismo y uso de sustancias estimulantes. Esto conduce a manifestaciones físicas como dolor de cabeza, dolor muscular, pérdida del apetito y, en situaciones severas, aislamiento social total e, incluso, suicidio.

¿Qué tratamiento se puede seguir?

El tratamiento va encaminado a reducir los altos niveles de estrés, la ansiedad y la depresión con tres focos de intervención: individual, que se centra en mitigar la fuente del estrés y fortalecer la capacidad de adaptación a circunstancias negativas; grupal, que busca un mejor ambiente laboral, y organizacional, basada en la reducción de situaciones generadoras de angustia y tensión como el ambiente físico, la carga de obligaciones y la estimulación del desarrollo profesional de los empleados.

En casos extremos, en los que se presente aislamiento social o ideas suicidas, se debe acudir a intervención médica efectiva y oportuna.

¿Qué se puede hacer para evitar este síndrome o confrontarlo?

Desconectarse: separar el espacio personal del profesional. Si estamos constantemente mirando el correo electrónico en casa y la agenda del día siguiente, es muy difícil que nos aislemos de lo laboral y que podamos descansar para lograr una reparación adecuada con miras a afrontar la próxima jornada.

Establecer límites a clientes y a colaboradores: no asumir como propias las tareas que no forman parte de las funciones asignadas, para evitar así una excesiva carga de compromisos imposible de cumplir.

Cuidar la salud: llevar una buena, adecuada y sana alimentación y hacer algún tipo de actividad física ayudará enormemente a que el estrés no nos gane la batalla.

Manejo de control interno: es preciso ser autónomos en nuestras funciones; si sentimos necesidad de aprobación de un tercero, entonces es muy fácil creer que las cosas no dependen de nuestro esfuerzo.

Renovarse: cambiar de tareas, tratar de hacer que el día a día sea dinámico, entusiasta y ameno.

En casos extremos, en los que se presenta aislamiento social o ideas suicidas, debe haber intervención médica oportuna.


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