REVISTA VIVIR BIEN

// Edición 121 Diciembre - Enero 2021

// Familia

Cansancio: una sensación común en la pandemia

La fatiga es el resultado de la combinación de varios factores como falta de ejercicio, alimentación inadecuada, incertidumbre, preocupación y dificultades para conciliar el sueño.

Asesoría: Eduardo Enrique Cepeda Garzón, especialista en Medicina familiar de los Centros Médicos Colmédica.

Al comienzo de la pandemia, muchas personas creían que ese tiempo en casa les iba a servir para descansar, adquirir un pasatiempo, relajarse, aprender a tocar un instrumento, tomar un curso en línea o llevar a cabo un proyecto pendiente, pero con el paso del tiempo y la prolongación del estado de emergencia, algunas empezaron a desmotivarse e incluso a sentir un cansancio físico que les impide realizar cualquier actividad. ¿A qué se debe esa sensación, si se supone que ahora tienen más tiempo libre?

Existen varias causas de la fatiga: una de ellas está relacionada con la incertidumbre ante la pandemia y, por otra parte, aunque el hogar es en esencia el lugar de la pertenencia, confraternidad, tranquilidad y proyección de sentimientos hacia el entorno, el confinamiento lo convirtió en el epicentro de situaciones de tensión y estrés individual y colectivo. A la preocupación por contagiarse del virus se le han ido sumando componentes económicos y sociales que rompen cualquier precepto de equilibrio o calidad de vida. Es complicado continuar con la vida normal en medio de una situación como esta, en la que se mantiene un estado de preocupación e incertidumbre permanentes, que seguramente repercuten en el equilibrio orgánico.

Para el doctor Eduardo Cepeda, especialista en Medicina familiar de los Centros Médicos Colmédica, la fatiga es el resultado de varios factores, en especial, de la falta de acondicionamiento físico: dado que las personas ya no siguen su rutina habitual, no salen de casa o, si lo hacen, caminan menos, no se ejercitan igual, debido al cierre de los gimnasios o la suspensión de actividades físicas; al hacer menos esfuerzo es normal que se sientan agotadas cuando deciden retomar una labor. “La disminución de la movilidad hace que los músculos se atrofien, pierdan su tono, su fuerza natural y se pongan más débiles”, afirma el doctor Cepeda. Como si fuera poco, el sedentarismo incrementa factores de riesgo cardiovascular como hipertensión arterial, incremento de la frecuencia cardiaca y, naturalmente, aumento de peso.

Se ha comprobado que, si bien en casa se puede ejercitar e incluso practicar algún deporte, lo cierto es que el confinamiento induce al sedentarismo. Según los expertos, basta con 72 horas de quietud o de variación de la cantidad de movimiento normal para pasar a un estado de desacondicionamiento que afecta de manera progresiva el funcionamiento de músculos, articulaciones y tejidos blandos y, de paso, acrecienta el riesgo de retracciones, espasmos y desequilibrios musculares que se manifiestan con dolor, fatiga y un cansancio físico que el sueño o el descanso no logra reparar.

La alimentación es otro de los orígenes de la fatiga. “Durante estos meses, muchos individuos han tenido o tienen problemas de malnutrición y, si no hay una adecuada alimentación, no se van a tener los nutrientes necesarios para llevar una vida normal”, explica el médico familiar. Se ha comprobado que el período de cuarentena promueve una mayor ingesta de calorías que, sumada a la quietud y a los cuadros de ansiedad e incertidumbre que llevan a consumir más comida y bebidas alcohólicas, favorece la aparición de obesidad y sobrepeso.

Cambios necesarios

Tal vez liberarse del cansancio no sea fácil, debido a todo lo que hay detrás de esa sensación, pero existen varios cambios que pueden hacerse. Lo principal, según el médico Cepeda, es evitar el sedentarismo haciendo ejercicio en casa. La actividad física es clave para prevenir la fatiga y, de paso, cualquier complicación por la falta de movilidad. Hay que mover el cuerpo para que, al finalizar el día, se descanse mejor, sobre todo, con ejercicios de estiramientos. De lo contrario, esta quietud resultará en un círculo vicioso de inmovilidad y agotamiento.

Asimismo, hay que incorporar otros hábitos de vida saludable como la buena nutrición, cuidar las horas de sueño y desconectarse del celular por lo menos treinta minutos antes de dormir para conseguir un descanso más profundo y tranquilo, así como practicar actividades de relajación y pasatiempos como leer libros, escuchar música, cocinar o hacer manualidades. Estas alternativas ayudan a despejar la mente, distraerse y tener una mejor salud mental. Por último, los expertos recomiendan mantener el orden en cada aspecto de la vida y continuar con horarios de trabajo, de comidas, de sueño y de reposo. Es preciso evitar los excesos de cualquier tipo que pueden producir más ansiedad.



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