REVISTA VIVIR BIEN

// Edición 121 Diciembre - Enero 2021

// Salud

Dismorfofobia: una obsesión peligrosa

Aunque para algunos la preocupación excesiva por los defectos o las imperfecciones físicas resulta normal, en realidad puede tratarse de una enfermedad mental.

Asesoría: Mary Luz Gómez de los Ríos, psicóloga clínica especialista en terapias alternativas de los Centros Médicos Colmédica.

Varias personas han sentido, por lo menos alguna vez, inconformidad con una parte de su cuerpo y es normal que quieran mejorarla mediante soluciones que van desde sencillos tratamientos estéticos hasta procedimientos quirúrgicos; sin embargo, hay casos en los que la gente se obsesiona tanto con sus imperfecciones que este malestar puede convertirse en una condición que la lleva a tener una imagen distorsionada de su propio cuerpo, conocida como trastorno dismórfico corporal (TDC).

Esta alteración o perturbación emocional se evidencia en la constante y excesiva preocupación por una imperfección física, sin importar si esta existe o no. Según Mary Luz Gómez de los Ríos, psicóloga clínica de los Centros Médicos Colmédica, en ocasiones ni siquiera hay defectos, pero las personas viven convencidas de lo contrario y, pese a someterse a todo tipo de tratamientos, nunca están satisfechas con los resultados. Quienes sufren este trastorno también sienten ansiedad y angustia, y tienen una percepción irreal sobre su propio cuerpo. “Pueda que a alguien su nariz le parezca grande, pero resulta que, para su simetría facial, el tamaño es el adecuado; esto es similar a lo que ocurre con la anorexia nerviosa, que también es un trastorno dismórfico: las personas se miran al espejo y se ven gordas, cuando en realidad están muy delgadas; esa imagen irreal está solo en sus mentes y es producto de la alteración de su percepción personal e individual”, afirma la psicóloga.

De acuerdo con muchos profesionales de salud mental, este es un problema desconocido y mal entendido por la población, ya que suele confundirlo con vanidades y caprichos personales, aunque en realidad se trata de una condición fundada en un gran daño de la autoestima del individuo. Su prevalencia es muy difícil de determinar, debido a que la sospecha diagnóstica es baja, en comparación con otras enfermedades. Puede que existan numerosos casos en el mundo, pero no se pueden cuantificar, porque los pacientes no logran reconocerla como un trastorno mental, sino como una falla o alteración física que los hace buscar otro tipo de profesional de la salud; de hecho, deciden consultar después de muchos años de padecer las afectaciones del trastorno.

Las más vulnerables

Este trastorno es más común en la población femenina, sobre todo en mujeres entre 25 y 40 años aproximadamente; sin embargo, el padecimiento puede comenzar desde la adolescencia, etapa en la que se sufre todo tipo de críticas y burlas por el aspecto y se busca desesperadamente la aceptación del grupo social.

Los adolescentes están expuestos a un mundo en el que la apariencia lo es todo y a partir de allí construyen su autoestima. Esta realidad, en la cual la imagen es fundamental como elemento de identidad, hace que los jóvenes sean más vulnerables al entorno mediático centrado en la apariencia: a diario se ven cantantes, actrices y modelos cuyo éxito radica, en buena parte, en la forma como se ven.

También es posible que el trastorno dismórfico corporal se desarrolle por problemas familiares o laborales, por rupturas o por trastornos emocionales.

Ayuda profesional

Esta condición puede tratarse y superarse con éxito; para ello es necesario acudir a un especialista, ya sea un psicólogo o un psiquiatra que brinde un tratamiento psicoterapéutico diseñado para esta enfermedad. Por lo general se acude a técnicas de psicoeducación, terapia cognitivo-conductual y entrenamiento en técnicas de relajación y modificación de rituales para ayudarle al paciente a aceptar que tiene un problema, fortalecer su autoestima, mantener relaciones familiares, laborales y sociales sanas, recuperar su vida y superar el malestar que le produce ansiedad y depresión permanente.

En algunos casos es necesario acudir a la medicación, puesto que este trastorno tiene una base biológica muy fuerte. En el sistema nervioso central, en especial en el cerebro, hay alteraciones confirmadas en unas sustancias conocidas como neurotransmisores; por lo tanto, ciertos medicamentos son eficaces para el manejo de algunos síntomas.

El llamado de la psicóloga va dirigido, sobre todo, a los padres de familia, para que estén muy atentos a sus hijos, a lo que hacen, a lo que ven, a lo que consumen y a quiénes los rodean. “Es necesario que los adolescentes entiendan que el aspecto físico no es lo más importante; deben entrar en una onda de concientización sobre la necesidad de un equilibrio entre cuerpo, espiritualidad y mente para lograr una vida funcional”, recomienda Gómez de los Ríos.

Entre los principales síntomas de esta condición se encuentran la depresión, la ansiedad, el estrés, los sentimientos de culpa, la soledad, la vergüenza, la percepción negativa de la autoimagen corporal y el aislamiento voluntario, con mayor prevalencia en la población adolescente.


Imágenes del banco de imágenes Shutterstock

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