REVISTA VIVIR BIEN

// Edición 122 Febrero - Marzo 2021

// Familia

¿Cuándo decir “no”?

Puede ser una ruta para establecer límites, demostrar seguridad y respetar nuestros tiempos.

Asesoría: Nelson Roa Sánchez, psicólogo de los Centros Médicos Colmédica.

En ocasiones nos cuesta trabajo decir esta palabra de tan solo dos letras y tan simple, y no precisamente por su pronunciación, sino por su connotación negativa. A veces preferimos decir “sí”, con tal de evitar conflictos en diferentes ámbitos de la vida, ya sea profesional, social o familiar, o también por el simple hecho de quedar bien ante los demás, sin importar que en el fondo realmente queremos negarnos.

Prestar dinero, quedarse a trabajar tiempo extra, servir de fiador o participar en un evento comunitario son solo algunos ejemplos de las peticiones que no son fáciles de aceptar, pero a las que al final terminamos accediendo para no afectar nuestra imagen y no solo por una vez, sino en reiteradas ocasiones, lo que puede provocar un conflicto emocional.

Ahora bien, la idea no es negarnos a cuanto favor nos pidan, sino que aprendamos a decir que “no” cuando no estamos de acuerdo, nos sentimos incómodos o creemos que se están aprovechado de nuestra amabilidad. Decir “no” también es una respuesta válida: es una forma de establecer límites, demostrar nuestra seguridad, comprender nuestros tiempos y manifestarles a otros que no todo se puede cumplir en el momento que ellos quieren.

Más difícil para unos

Es claro que a algunas personas les cuesta más trabajo decir “no” que a otras. Hay quienes han crecido diciendo las cosas muy puntuales y entendiendo que no todo se puede, pero a otros, en cambio, les han dicho que al negarse pueden herir o lastimar. Según Nelson Roa Sánchez, psicólogo de los Centros Médicos Colmédica, “cuando no hemos aprendido a decir ‘no’ desde pequeños, muy seguramente en la adultez será más complicado y terminaremos acogiéndonos, restándonos o decidiendo más por los que nos proponen, muchas veces en contra de lo que en realidad deseamos o queremos”.

La capacidad de decir “no” es resultado o efecto de una historia personal, de madurez, de construir y tener unas relaciones sanas y funcionales. Para Roa, cuanto más elaboradas sean esas relaciones, mayor claridad habrá en la toma de decisiones, pero cuando no se han tenido o no se ha tomado el trabajo de reflexionar y de gestionar o de resolver esas situaciones conflictivas, más complicado será establecer un límite.

¿Cómo decir “no” sin fallar en el intento?

No es lo mismo negarse en todos los escenarios: en el campo laboral, por ejemplo, está de por medio el temor a ser despedido o a que se tomen represalias por no hacer labores extras o trabajar más de lo estipulado. Ante este tipo de peticiones hay quienes recomiendan no dar un “no” rotundo, es decir, antes de contestar, hacer preguntas relacionadas con la urgencia de la solicitud, la posibilidad de hacerlo después o de asignarlo a otro empleado con menos ocupaciones; la idea es entrar en una especie de negociación que deje satisfechas a ambas partes. También es importante tener una postura definida frente a las cosas, porque eso demuestra seguridad y refleja que la persona es estructurada y capaz de tener un argumento frente a las situaciones, y que no va a permitir que nada pase por encima de sus límites.

En otros aspectos, como el social, el de pareja o el familiar, se recomienda que, además de hablar y explicar las razones por las cuales no es posible atender las peticiones, hay que aclarar que dicha decisión no debe interferir con la relación. Hablar con el corazón y con sinceridad, así como plantear otras soluciones, ayuda a fortalecer el vínculo y a que el rechazo no sea problemático.

Consecuencias

La imposibilidad de decir “no” puede ocasionar:

  • Malestar emocional, tristeza, ansiedad o irritabilidad.
  • Soledad emocional.
  • Autorreproches y sentimientos de culpa.
  • Expresiones de ira.
  • Sentimientos de frustración.
  • Sensación de abuso.

Beneficios

Saber decir “no” permite:

  • Concentrarnos más en los intereses propios y dedicarles más tiempo a los proyectos y las metas personales.
  • Una mejor construcción de la autoestima.
  • Establecer límites claros; de esta manera, no vulneran nuestra voluntad y se tiene en cuenta nuestra opinión.
  • Organizar mejor el tiempo y ser más productivos.


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