REVISTA VIVIR BIEN

// Edición 122 Febrero - Marzo 2021

// Salud

El alivio de llorar

El llanto ayuda a reducir la intensidad de las emociones fuertes y a trabajar mejor en ellas para buscar una solución a los problemas que se presentan en el día a día.

Asesoría: Daniela Rojas Ospina, psicóloga de los Centros Médicos Colmédica.

Por mucho tiempo se creía que llorar era un signo de debilidad. Quien lo hacía era visto como alguien de personalidad inmadura e incapaz de asumir sus faltas y conductas, y que pretendía inspirar un poco de compasión en los otros, pero, con el paso de los años, se ha comprobado que el llanto no solo facilita lidiar con las emociones atravesadas y encontrar un camino de salida, sino que también produce una serie de beneficios para la salud física y emocional de las personas.

Llorar no es malo: “Es bueno en el sentido que te permite reconocer qué estás sintiendo y expresarlo; además, es una herramienta de comunicación con la que las personas pueden exteriorizar lo que llevan por dentro”, asegura Daniela Rojas Ospina, psicóloga de los Centros Médicos Colmédica.

Hay quienes evitan las lágrimas por las construcciones sociales y los significados que se les han otorgado a lo largo de la historia. En muchos hogares se enseñó que el llanto es para débiles e, incluso, se lo categorizó según la edad y el género, es decir, se consideraba normal para mujeres y niños, pero en el caso de los hombres adultos no era bien visto; entonces se creció con la idea de que es malo o que hace a una persona vulnerable ante los demás.

Beneficios físicos

Al llorar se liberan hormonas que producen bienestar para el organismo: por un lado, adrenalina, que es la encargada de la activación del sistema nervioso; por otro, noradrenalina, conocida como la hormona del estrés, la cual ayuda a eliminar la tensión física y emocional. Cuando alguien está estresado, la actividad del sistema nervioso simpático aumenta. Según explica Lauren Bylsma, profesora asistente de psiquiatría y psicología en la Universidad de Pittsburgh en Pennsylvania, la respuesta del llanto para aliviar el estrés está precedida por un aumento en la actividad del sistema nervioso parasimpático, lo que significa que ayuda a comenzar a relajarse.

En pocas palabras, el sollozo es un ejercicio que nos ayuda a mantener el buen funcionamiento del organismo, ya que resulta muy necesario cuando sentimos angustia, estamos deprimidos o simplemente nos preocupamos por alguna situación.

¿Qué pasa con quienes no pueden llorar?

El llanto no es el único recurso que tienen los seres humanos para expresar sus emociones. No todos tienen la misma capacidad de expresarse por medio del llanto, pero hay otros recursos que permiten descargarse emocionalmente. De acuerdo con Rojas, “lo importante es que las personas no repriman sus sentimientos, es decir, puedes conversar sobre lo que duele sin tener que llorar; en consulta terapéutica, así como hay muchas personas que logran exteriorizar sus sentimientos sin necesidad de llorar, hay otras que, a pesar de que lloran, no logran reconocer lo que llevan por dentro”.

Cuando una persona reprime el llanto se está negando la posibilidad de hacer un ejercicio que es sumamente catártico y liberador. Más que las consecuencias de no llorar son las consecuencias de no expresar: hay que recordar que una emoción no expresada se puede convertir más adelante en comportamientos que afectan la salud mental, así como también las dinámicas personales, familiares y sociales.

Llorar en público

Es posible que la mayoría se sienta mejor llorando a solas, pero hacerlo frente a alguien abre la posibilidad de recibir apoyo de otros, pues indirectamente se envía el mensaje de querer ser socorrido. De hecho, en Japón existen clubes de llanto llamados “rui-katsu” (buscar lágrimas), donde las personas participan en fiestas de sollozos catárticos. Llorar en grupos no es malo; por el contrario, facilita la aceptación del llanto y que las personas lo hagan sin prejuicios. “Lo que sí es negativo es no prestarle atención a lo que sentimos y privarse de un sentimiento que es genuino y liberador”, explica Daniela Rojas.



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